Aunque las elecciones de Cuba no sean noticia
Por LISET GARCÍA
En este mundo mal repartido y peor informado, a menudo se escucha una sola voz, para la cual la nuestra no existe. Por eso la noticia de que en Cuba hay elecciones cada dos años y medio seguirá sin llegarle a muchos. Otros, que no quieren saber la verdad, continuarán obstinadamente en silencio o repitiendo lo mismo.
Mientras tanto, los enemigos se frotan las manos y hacen planes: creen poder elegir el modelo de gobierno de los cubanos, redactan reformas a la Ley electoral y conciben procedimientos para los votantes.
No han faltado las sugerencias para que la Isla siga el modelo de democracia estadounidense, y hasta han ofrecido sus servicios para ayudar a las autoridades cubanas a imprimir responsabilidad a su proceso electoral cuando llegue el momento de la transición, multipartidismo mediante.
Como si el multipartidismo fuera inédito o desconocido en una Isla sembrada de partidos políticos hasta 1959.
O como si el milagro de existir incluso como país, pese a todos los vientos en contra, no se debiera también a la experiencia de más de treinta años de ejercicio de Poder Popular, nacido en lo más recóndito de cada barrio.
Ese modelo que denominan “antidemocrático”, porque dista del que quieren imponer desde la Casa Blanca, es hoy una esperanza para muchos, porque aun cuando sortea montañas de piedras atravesadas en el camino e intenta perfeccionarse, ofrece garantías reales de participación de los ciudadanos. Desde su inscripción libre y universal en los listados de electores –el principal defecto que le atribuyen y por tanto el primer derecho que van a suprimir- hasta la posibilidad de revocar a los elegidos.
Cuando en el mundo hoy ese es tema harto recurrente, sería interesante saber qué opinan incluso quienes se precian de imparciales y objetivos, acerca de lo que ha estado ordenadamente ocurriendo en este archipiélago en meses de preparativos electorales, cada dos años y medio desde que por primera vez en Matanzas en 1974 se pusieran en práctica.
¿Resaltarán que los registros de votantes aquí son conformados de oficio a partir de listas de vecinos, sin exigir requisito ni contribución, y donde igual derecho tienen los ciudadanos a elegir y a ser elegidos, y solo aparecen excluidos de esa oportunidad los incapacitados mentales y los sancionados por los tribunales populares de justicia?
¿Cómo verán el hecho de que en los barrios a la postulación de candidatos a gobiernos municipales están invitados todos los vecinos, y allí son ellos –y no el Partido- quienes pueden decidir los posibles representantes ante la máxima instancia estatal en su territorio?
Seguramente observarán extrañados que carece de bombos y platillos, de discursos ensordecedores en plazas públicas, de maquillajes propagandísticos, de fuegos fatuos… La verdad, imposible de tapar con un dedo, habla en Cuba de comicios transparentes, sin bulla, donde solo importa la altura cívica y la intención de ayudar a los demás. Son libres, pues nadie está obligado a votar. Y el voto es secreto, ya que la voluntad de cada cual se expresa en la total privacidad de una cabina.
Si se mira bien, es comprensible el silencio que impera en la gran prensa mundial acerca de los comicios municipales en Cuba, cuyos preparativos mueven ya a cientos de miles de ciudadanos en todo el territorio nacional.
Esos medios, simplemente, no parecen interesados en revelar la concurrencia a las urnas de la inmensa mayoría de los ciudadanos, o la amplia representatividad de los sectores sociales entre los elegidos, o el gran suceso de que son únicamente los niños los guardianes de las urnas, generación tras generación, a la espera de acariciar los 16 años para asumir el derecho de votar.
El 25 de abril próximo nuevamente Cuba vivirá el “milagro”, y como ocurre habitualmente, para una parte del mundo las elecciones en Cuba no serán noticia. Otros negados a darse cuenta, continuarán empecinadamente en la acera de enfrente, exiliados de la verdad. |