De factura nacional
“Solo echan raíces en las naciones las formas de gobierno que nacen de ellas”. José Martí
Mucho se habla de las elecciones en Cuba. Sobre todo mal, si las referencias provienen de lo que ha logrado sembrar en el mundo la campaña anticubana que maneja Estados Unidos, en materia de democracia y derechos humanos. Chillan y nos acusan de violar las normas internacionalmente aceptadas sobre el tema.
De Viena hace unos doce años llegó la definición por un acuerdo entre las naciones. No hubo reparos para decir que la democracia se basa en la voluntad del pueblo, libremente expresada, para determinar el régimen político, económico, social y cultural, y en su plena participación en todos los aspectos de la vida.
Si nos atenemos a tal enunciación, en la Isla desde mucho antes, a partir de la Constitución de Guáimaro y la primera Asamblea Legislativa, la vocación de decidir los destinos nacionales basados con un profundo ideal democrático estaba presente. Entonces, en plena guerra, los representantes elegidos por el pueblo en armas decidieron qué pasaría en el país y en su gobierno, ejemplo que los próceres de la independencia legaron hasta más acá.
La Constitución de 1976, discutida masivamente y aprobada en referéndum por más del 97 por ciento del electorado, resolvió cómo quedaría el sistema electoral cubano, que abarca hasta la elección del Parlamento y el Consejo de Estado.
Luego, en 1992, una importante reforma constitucional y de la Ley electoral, posibilitó que la elección de los diputados a la Asamblea Nacional y de los delegados a las Asambleas Provinciales, se realizara también, como para los delegados a las Asambleas Municipales, mediante el voto directo y secreto de los electores.
Entonces, no se basa más que en mentiras fácilmente desmontables, uno de los fuertes de la campaña yanqui acerca del supuesto incumplimiento de Cuba de principios que forman parte de de la razón de ser del sistema político del país.
Precisamente ahora que el almanaque anuncia la proximidad de los comicios para elegir a los integrantes de los gobiernos municipales, los cubanos ejercerán sus derechos, como cada dos años y medio. La participación de todos los ciudadanos mayores de 16 años, sin discriminación alguna por razón de sexo, edad, creencias religiosas, ocupación laboral, será una constante en todas las etapas del proceso, desde la inscripción en el registro electoral hasta las urnas.
Son principios de factura cubana, fundados en las experiencias heredadas de la historia de lucha del país por la equidad, la independencia, la soberanía y la justicia social, que se alzan como alternativa para miles de millones de personas que sí no tienen derechos en este mundo de hoy |